La última galleta no es necesariamente la que queda al final del paquete, sino la que nosotros, los comedores de galletas, consideramos la última. No en el sentido de voy a comerme la última galleta porque tras ésta viene la nada (y la posible frustración), sino en el sentido de me como ésta y ya está. Esa última galleta, sin embargo, no lo es tanto, pues vendrán más. Entonces la última elegida será el preámbulo de un goce que será multiplicado por la previa castración del deseo. La última galleta será una puerta a un futuro mejor. Está en nuestra mano
Tú eliges cuál es la última galleta
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lo de la galleta es metafórico…no???
Tengo otra metáfora que apunta a lo mismo y que entenderías perfectamente, pero mejor te lo cuento en persona.
Yo no quiero tener conciencia de tener la última galleta en mi mano
Yo quiero una galleta que esté dispuesta a morir por mi.
Me ha recordado mucho al concepto de deseo en Lacan: “El deseo es el deseo del Otro”. De esa otra deliciosa, posible y ulterior galleta previamente castrada. ¡ÑAM!